Viernes 19 de diciembre de 2025
La campaña militar de Estados Unidos en Latinoamérica, centrada en Venezuela, entra en una fase volátil. Mientras Washington afirma que busca combatir el narcotráfico, el presidente Donald Trump ha declarado un objetivo adicional: controlar los yacimientos petrolíferos venezolanos, que superan en reservas a los de Estados Unidos.
El bloqueo de buques petroleros sancionados ha elevado la tensión, y la Armada venezolana escolta ahora los barcos fuera de los puertos, aumentando el riesgo de enfrentamientos en alta mar. Aunque las fuerzas venezolanas son menores que las estadounidenses, cuentan con décadas de preparación para una guerra asimétrica, incluyendo células paramilitares y milicias civiles.
Capacidades de Venezuela:
Fuerzas armadas regulares: 150,000 miembros.
Milicia Bolivariana: estimada en 1 millón de civiles entrenados.
Fuerzas paramilitares (colectivos) que operan en barrios y podrían participar en defensa urbana.
Armada y flota aérea: más de 40 buques, 30 aviones de combate (principalmente Sukhoi rusos), y hasta 200 tanques.
Arsenal provisto principalmente por Rusia, Irán y China, incluyendo misiles tierra-aire, misiles de crucero y drones armados.
Aunque Maduro ha consolidado el control sobre las fuerzas armadas mediante lealtades forzadas, incentivos económicos y vigilancia interna, persisten dudas sobre la preparación y moral de la tropa, especialmente frente a una intervención estadounidense con portaaviones y más de 15,000 efectivos en la región.
Escenarios posibles:
Defensa territorial: las milicias y colectivos podrían complicar una invasión con tácticas de guerrilla urbana y rural.
División de fuerzas: si Maduro cae, podrían surgir fracturas dentro del ejército, generando incertidumbre sobre la custodia de infraestructura crítica.
Resistencia civil: el entrenamiento previo de civiles y la presencia de grupos armados locales podrían mantener cierta oposición, aunque analistas dudan de la capacidad de resistir ante un ejército avanzado.
Impacto económico y geopolítico: el interés por el petróleo venezolano, sumado a sanciones y bloqueos, intensifica la presión sobre ambos países y podría escalar en conflicto abierto.
Expertos coinciden en que, pese al arsenal y las estrategias asimétricas de Venezuela, la superioridad tecnológica y numérica estadounidense plantea un desafío formidable, mientras que la incertidumbre sobre la lealtad de las fuerzas armadas y la cohesión interna añade un componente impredecible al escenario regional.
En resumen, la situación refleja un equilibrio delicado entre la preparación de Venezuela para una guerra asimétrica y la potencia militar estadounidense, con un riesgo creciente de confrontación directa.

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