Jueves 5 de febrero de 2026
Ciudad de México.— El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha reiterado su presión para desplegar tropas estadounidenses en México con el objetivo de “eliminar a los cárteles” responsables del tráfico de fentanilo y otras drogas hacia su país. Sin embargo, la presidenta Claudia Sheinbaum ha rechazado de manera consistente esta posibilidad, defendiendo la soberanía nacional.
En declaraciones a Fox News el mes pasado, Trump calificó a Sheinbaum como “una buena mujer”, aunque aseguró que su negativa a permitir una intervención directa responde al temor y no a la complicidad. “Le tiene mucho miedo a los cárteles. Ella no gobierna México. Los cárteles gobiernan México”, afirmó.
Analistas y especialistas señalan que el planteamiento de Trump pasa por alto la complejidad del crimen organizado en México, donde los cárteles no solo confrontan al Estado, sino que en muchos casos mantienen vínculos con estructuras políticas y de poder local. Estas redes de colusión han persistido durante décadas y no se limitan a un solo partido político, aunque Morena, como fuerza dominante, concentra actualmente varios señalamientos contra funcionarios y exfuncionarios.
El escenario político representa un desafío particular para Sheinbaum, quien no cuenta con el mismo control interno sobre Morena que su antecesor, Andrés Manuel López Obrador. El partido se encuentra dividido en facciones, y una ofensiva más agresiva contra políticos vinculados al crimen organizado podría generar fracturas internas y debilitar al gobierno de cara a las elecciones intermedias.
A pesar de ello, la presidenta ha adoptado un discurso más firme en materia de seguridad. Su gobierno ha desplegado miles de elementos en la frontera norte, extraditado a decenas de presuntos líderes criminales a Estados Unidos y reportado una disminución en la tasa de homicidios. No obstante, el combate frontal a las redes de protección política sigue siendo un tema sensible.
Especialistas advierten que desmontar estas estructuras podría detonar nuevos episodios de violencia, como ha ocurrido en el pasado, cuando la caída de acuerdos informales entre autoridades y grupos criminales derivó en disputas sangrientas por el control territorial.
En este contexto, Sheinbaum enfrenta una presión creciente: por un lado, las exigencias de Washington para una cruzada contra los cárteles; por otro, un entramado político interno cuya estabilidad depende, en parte, del statu quo. El equilibrio entre ambos frentes marcará uno de los mayores retos de su administración.

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