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Jueves 22 de enero de 2026

Washington intensifica presión para un cambio de régimen en Cuba antes de fin de año


La Administración del presidente Donald Trump ha intensificado sus esfuerzos para propiciar un cambio de régimen en Cuba antes de que concluya 2026, en un movimiento que se produce tras el reciente derrocamiento del presidente venezolano Nicolás Maduro y que, según altos funcionarios estadounidenses, abre lo que consideran una oportunidad histórica para debilitar al gobierno comunista en La Habana.

De acuerdo con un informe del diario The Wall Street Journal, la Casa Blanca está buscando activamente identificar a funcionarios cubanos con acceso al poder que estén dispuestos a negociar una salida pactada del régimen actual. Aunque no existe aún un plan formal para poner fin al gobierno comunista que ha dirigido la isla por casi siete décadas, Estados Unidos considera que la crisis económica y la pérdida del apoyo de Venezuela han dejado al liderazgo cubano en su momento de mayor fragilidad en décadas.

En sus mensajes públicos, Trump ha elevado la retórica contra el gobierno cubano. El pasado 11 de enero advirtió que “no habrá más petróleo ni financiamiento para Cuba” y urgió al régimen a llegar a un acuerdo con Washington “antes de que sea demasiado tarde”, ante la posibilidad de que la isla se quede sin combustibles esenciales en cuestión de semanas tras el corte del suministro venezolano.

La estrategia estadounidense combina presión económica y diplomática. Además de apuntar al suministro de petróleo, la administración ha evaluado medidas para debilitar las misiones médicas cubanas en el extranjero, una de las principales fuentes de divisas de la isla, mediante restricciones de visas a funcionarios cubanos y extranjeros vinculados al programa.

Funcionarios del gobierno de Trump han dicho que ven como modelo la forma en que se gestionó la captura de Maduro y las concesiones posteriores de sus aliados, aunque reconocen que no hay un plan concretamente trazado para Cuba. También se han mantenido reuniones con grupos del exilio cubano y asociaciones cívicas en Miami y Washington en busca de posibles interlocutores dentro del régimen.

Por su parte, el gobierno de Cuba ha rechazado cualquier intención de negociación bajo presión, reafirmando su soberanía e independencia frente a lo que califica como coerción extranjera. Líderes de La Habana han señalado que no existen pláticas formales con Washington, y que cualquier acercamiento debe realizarse sobre una base de respeto mutuo y sin injerencia en asuntos internos.

Este giro de la política estadounidense hacia Cuba representa un importante punto de inflexión en las relaciones bilaterales, marcadas por décadas de tensiones ideológicas y económicas, y abre un nuevo capítulo en la estrategia de Washington para influir en el futuro político del Caribe.